Ayer en el programa Metro y Medio, los conductores (Sebastián Wainraich y Julieta Pink) establecieron casi sin quererlo una teoría interesante: “Las mujeres tienen un plan. Los hombres se quieren ir”.
Me puse a pensar en esto y encontré muchos ejemplos en distintos ámbitos de la vida, tanto para mujeres como para hombres: la mujer que a los 6 meses de relación ya se ve casada y con hijos vs. el hombre que quiere irse de una reunión con los amigos de su pareja; la mujer que piensa en su futuro profesional vs. el hombre que se queda con la primera mejor opción; la mujer que piensa en qué ponerse para una fiesta vs. el hombre que se pone lo primero que encuentra; la mujer que se enamora y hace cualquier cosa vs. el hombre que huye de la fantasia en busca de la comodidad…
Casualmente (o causalmente) hoy estaba hablando con un amigo sobre el futuro y me preguntó qué plan tenía, profesionalmente hablando. Tanto su plan como el mío concluían en un gran “se quieren ir”. Por lo que estábamos abarcando los dos lados de la teoría: “Tienen un plan. Se quieren ir”.
Horas más tarde, una amiga me contaba un dilema personal y ante mis preguntas inquisidoras me confesó: “No tengo un plan”.
¿Cómo es que no tiene un plan?
Yo creo que todos tenemos siempre un plan, porque es eso lo que nos hace dar un paso tras otro. Es ese ‘tener algo en la cabeza’ que funciona como un combustible vital.
Yo no creo en el “Las mujeres tienen un plan. Los hombres se quieren ir”, creo en que todos cargamos con una mochila llena de planes inconclusos, imposibles, utópicos y alguno que otro realizable. Y es justamente por eso que a veces todos nos queremos ir muy muy lejos.
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