Alguna vez fuiste sincera, abierta, te dejaste querer y plaff, te decepcionaron. Esto te pasó otra vez, y luego una vez más, y más tarde nuevamente… hasta que un día le dijiste a él: “si sabes como hacerme reír, no me hagas llorar” y lo dejaste en nombre de todo lo que se llevó sin derecho de tu corazón altruista.
Acostumbrada a dar mucho y recibir poco, un buen día aparece lo más parecido al Príncipe Azul que conociste. Pero vos ya estás tan desconfiada de los hombres que, quizás inconcientemente, lo único que haces son cosas para alejarlo en un extraño plan de autoprotección.
A él le cuesta entenderte y tiene lindos gestos con vos. Pero no hay llamado, cena ni regalo que te convenza. Simplemente no le crees porque en el pasado creíste (y mucho) y sin embargo terminaste así, como la amiga de la protagonista. Claramente, tu GPS estuvo fallando por mucho tiempo.
Sos de las que comenzaba una relación y a la quinta cita ya se veía cenando en parejas con sus amigas entre risas y una fecha en el calendario. Pero no, eso jamás sucedió porque saliste con un inmaduro tras otro y ahora vos no dejas que la felicidad de alcance.
Si bien siempre hay que tener las defensas altas, lentamente hay que darle el beneficio de la duda a este muchacho que parece estar bien interesado en vos y lo demuestra con lindos gestos que al menos hacen que lo tengas dando vueltas en tu cabeza. Puede que le des la chance a este bombón de la cajita y finalmente resulte que ‘es él’.
Es cierto que todo Príncipe Azul puede convertirse en Sapo, pero la regla también funciona al revés
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